jueves, 6 de mayo de 2010

Mi confrontación con la Docencia

Estudie la carrera de Ingeniería Bioquímica Industrial en la Universidad Autónoma Metropolitana y antes de ser docente del Nivel Medio Superior tuve la suerte de probar fortuna en la iniciativa privada en una empresa dedicada a la fabricación de productos plásticos a base de PVC, ubicada en el Distrito Federal. Posteriormente trabaje en tratamiento de aguas residuales para el Departamento del Distrito Federal. Sin embargo, en 1990 tuve la necesidad de renunciar al trabajo para atender una situación familiar. Estaba buscando trabajo a principios de 1991 cuando me hablaron del estado de Oaxaca invitándome a dar clases en el Colegio de Bachilleres del estado (COBAO), en una población de unos 10 000 habitantes, llamada Asunción Nochixtlan. Al principio como que me resistí un poco porque mi familia estaba acostumbrada a la vida citadina además de que mi esposa, también de la misma profesión, tenía un buen empleo; pero lo valoramos porque en ese tiempo aun estaba reciente la tragedia del sismo de 1985 y todo parecía indicar que las condiciones de vida en la ciudad cada vez se harían más críticas; platiqué con la Directora del plantel la posibilidad de que también mi esposa fuera contratada, cosa que se dio sin mayores problemas y el lunes 11 de febrero de ese año a las ocho de la mañana estaba nervioso porque había llegado la hora de tener mi primer día de clases frente a un grupo 40 jóvenes de entre 15 y 16 años de primer semestre en la materia de Física.
En ese momento tenía (y aun tengo) fresco el recuerdo de varios de mis maestros, desde la primaria hasta la universidad, sobre todo de aquellos que de alguna manera y desde mi punto de vista habían sido los que incidieron y marcaron una parte de mi vida; quería retomar algo de cada uno de ellos para que mis clases pudieran resultar interesantes para los alumnos.
Conforme han ido pasando los años me he dado cuenta, y cada vez lo confirma mas, que somos un eslabón muy importante en la formación de ciudadanos y que el nivel medio superior es determinante en la vida de los jóvenes, ya que están en un conflicto constante para definir su identidad.
Considero que el trabajar con jóvenes es reconfortante y a veces tenemos que jugar no solo el papel de maestros sino el de amigos, o por que no decirlo, en algunos momentos, de padres. Como docente, tengo una gran responsabilidad en los jóvenes cuyos padres de familia depositan en nuestras manos y que es nuestra responsabilidad trabajar para ello, por lo cual mi compromiso es actualizarme continuamente.

La actividad docente me ha dado grandes satisfacciones:
· Es un trabajo en donde uno no está encerrado toda la jornada en cuatro paredes ni sentado en un escritorio estirando los brazos en señal de cansancio o aburrimiento.
· Generalmente no nos pone de mal humor, porque con los alumnos siempre hay cosas gratas que compartir.
· Es satisfactorio ver que aquellos jóvenes que fueron nuestros alumnos de hace varias generaciones son ahora padres de familia que luchan día a día por dar lo mejor a los suyos; varios de ellos son profesionistas que han sabido sobresalir en el campo laboral y que otros han seguido esforzándose para alcanzar otros niveles de preparación. Con varios de ellos conservo una bonita amistad y cuando tenemos oportunidad de conversar recordamos las anécdotas de cuando fueron alumnos del COBAO. Y aunque estoy bien consciente que su logro es producto del esfuerzo solo de ellos, no dejo de sentirme satisfecho al pensar que tal vez en el edificio que han construido hay un ladrillo que yo ayude a colocar.
· Económicamente hablando, no he generado riquezas ni vivo en la opulencia, pero creo que la actividad docente me ha dado lo suficiente para vivir de manera decorosa y poder dar mi familia lo necesario para una vida digna.
· Por la escuela me fui a vivir a este lugar hermoso llamado Nochixtlan, en donde nacieron mis hijos y mi esposa lo ha adoptado como su propia tierra.

Insatisfacciones creo que no las tengo, aunque desearía que no existieran conflictos políticos tan fuertes en la educación para que el trabajo en los planteles fuera mas armonioso y cumpliéramos de manera mas eficiente la responsabilidad que nos hemos echado encima y rescatar ante la sociedad ese papel tan reconocido y respetable que en otros tiempos tuvo el ser docente. Digo lo anterior porque durante un tiempo trabaje en otro subsistema del cual renuncie porque la situación política era (y es) intolerante. Afortunadamente en el COBAO no se vive esta situación.
Durante un tiempo me inquietaba el hecho de no haber podido ejercer por más tiempo mi profesión, pero llegó el momento en que concluí que la docencia ya era parte de mi profesión y a partir de ahí no añoro la otra parte. De cualquier manera, los conocimientos adquiridos en la carrera y la experiencia laboral me han servido para hacer un mejor papel en la docencia.
También considero que no he tomado la firme decisión de prepararme pedagógicamente, aunque el tema de educación basada en competencias lo trabaje por vez primera en el año de 1993 en un diplomado que impartió el CISE (Centro de Investigaciones y Servicios Educativos) de la UNAM en Oaxaca. En ese momento me pareció un modelo educativo más, y por comodidad, seguí enfocado en el proceso tradicional de enseñanza aprendizaje, aunque el COBAO cada intersemestre nos prepara talleres de actualización en donde he conocido un poco sobre la educación centrada en el aprendizaje, educación basada en competencias, planeación y evaluación de competencias, entre otros temas, pero como que se me ha dificultado aterrizarlo en el aula.
En fin y como al parecer no hay vuelta de hoja, y además nunca es tarde para empezar, creo que ha llegado el momento de aprovechar la oportunidad de mejorar mi práctica docente.

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